Ficha Debates

Actividad Física, Comportamiento Sedentario, Sueño y Mortalidad en Adultos Mayores

3 Agosto, 2018

Autor: Lucía Guerrero Romero

Existe evidencia consistente de que niveles más altos de actividad física (AF) se asocian con una menor mortalidad. Esta asociación es fuerte, tiene una clara respuesta a la dosis y también ocurre entre los adultos mayores (Bellavia et al., 2013; Balboa-Castillo et al., 2011; Brown et al., 2012; Buchman, Yu, Boyle, Shah, y Bennett, 2012; Chen, Fox, Ku, Sun y Chou, 2012; Gregg et al., 2003; Hamer, de, & Demakakos, 2014; Koster et al., 2009; Landi et al., 2008; Lin et al., 2011; Lollgen, Bockenhoff, y Knapp, 2009; Manini et al. , 2006; Martinez-Gomez, Guallar-Castillon, Leon-Muñoz, y Rodriguez-Artalejo, 2014; Ottenbacher et al., 2012; Samitz, Egger, y Zwahlen, 2011; Stessman, Hammerman-Rozenberg, Cohen, Ein-Mor, & Jacobs, 2009; Woodcock, Franco, Orsini y Roberts, 2011). La AF reduce la mortalidad por todas las causas (Bellavia et al., 2013; Brown et al., 2012; Gregg et al., 2003; Lin et al., 2011; Ottenbacher et al., 2012; Woodcock et al., 2011) incluso entre personas con obesidad (Balboa-Castillo et al., 2011; Koster et al., 2009) o limitaciones funcionales, (Balboa-Castillo et al., 2011) en los adultos mayores (Stessman et al., 2009) y en los adultos mayores frágiles. (Landi et al., 2008)

Asimismo, los comportamientos sedentarios (CS), caracterizados por estar involucrados en actividades que consumen de 1 a 1,5 METs (Tremblay et al., 2017) se asocian con una mayor mortalidad, y esta asociación es independiente de la AP. (Katzmarzyk, Church, Craig, & Bouchard, 2009; Koster et al., 2012; Leon-Muñoz et al., 2013; Matthews et al., 2012; Patel et al., 2010; Stamatakis, Hamer, y Dunstan, 2011). ; Thorp, Owen, Neuhaus y Dunstan, 2011; Wijndaele et al., 2011). También muchos estudios han demostrado que la duración del sueño (tanto corto como largo) aumentan el riesgo de muerte. (Cappuccio, D'Elia, Strazzullo y Miller, 2010; Cohen-Mansfield & Perach, 2012; Gallicchio y Kalesan, 2009; Gangwisch y otros, 2008; Hall et al., 2015; Lan, Lan, Wen, Lin, & Chuang, 2007; Li, Sato y Yamaguchi, 2013; Mesas, López-García, Leon-Muñoz, Guallar-Castillon, y Rodríguez-Artalejo, 2010; Xiao, Keadle, Hollenbeck, y Matthews, 2014; Zawisza, Tobiasz- Adamczyk, Galas, y Brzyska, 2015)

La mayoría de la literatura, hasta la fecha, ha evaluado los efectos sobre la salud de la AF, CS y el sueño por separado. Sin embargo, AF, CS, y dormir o descansar están estrechamente relacionados. Más tiempo dedicado a AF podría reducir el tiempo dedicado a CS o dormir. De hecho, dado que el tiempo es finito, los efectos en la salud de un tipo de actividad dependen del tiempo dedicado a las otras actividades. Además, AF, CS y la duración del sueño pueden tener efectos sinérgicos o antagonistas que no pueden evaluarse cuando se estudian aisladamente.

Así por ejemplo, en un análisis reciente con 4,271 individuos de edades ≥ 18 que fueron reclutados en 2008-2010 y seguidos hasta julio de 2013, se encontraron tres patrones principales. Los patrones que incluyen cualquier AF se asociaron con una mejor calidad de vida relacionada con la salud física y mental; sin embargo, un patrón caracterizado por ver televisión y dormir durante el día se relacionó con una peor salud física. (Guallar-Castillón et al., 2014). Curiosamente, los hábitos relacionados con el uso del tiempo son modificables, incluso entre los adultos mayores (Wannamethee, Shaper y Walker, 1998).

Estudios previos en España han demostrado que la fiabilidad y validez de la información sobre el estilo de vida y el uso de los servicios de salud obtenidos por entrevista telefónica es comparable a la obtenida en una entrevista personal en el hogar. (Galan, Rodriguez-Artalejo, y Zorrilla, 2004). En este estudio la muestra estuvo compuesta por 1,036 hombres (36,3%) y 1,815 mujeres, con edades comprendidas entre 65 y 97 años. Al inicio del estudio, esta cohorte de adultos mayores declaró gastar en promedio: 9 h / d durmiendo o acostada, 5 h/d sentados, 2 h/d realizando actividades domésticas, 41 min/d caminando y 14 min/d en AF más vigorosa que caminar.

Durante un seguimiento de 11 años, el patrón sedentario (sentado para ver televisión durante el día) se asoció con un aumento importante en la mortalidad, que fue comparable a un aumento de 6 años en la edad cronológica. Por el contrario, el patrón activo (conducta para caminar) se relacionó con un menor riesgo de muerte. El patrón activo y no sedentario fue más beneficioso en los participantes más jóvenes, pero también fue beneficioso entre los participantes mayores. Esta interacción por edad es primordial debido a que el patrón activo y no sedentario se asocia con una disminución importante de la mortalidad incluso entre las personas mayores, aunque el patrón sedentario y no activo también aumenta el riesgo de muerte en este segmento de la población.

Curiosamente, otro metaanálisis entre adultos mayores encontró una protección dosis-respuesta no lineal de AP no vigorosa con respecto a la mortalidad total. (Lollgen et al., 2009). El mayor beneficio se encontró cuando se reemplazó el sedentarismo con AF ligera, pero aún así, cualquier aumento adicional en AF ligera acumuló más beneficios. Entonces, cualquier actividad que involucre gasto de energía en adultos mayores puede reducir la mortalidad (Manini et al., 2006); de hecho, la AF de intensidad ligera (como caminar, cuidar el jardín o realizar tareas domésticas) parece ser suficiente para lograr beneficios sustanciales (Landi et al., 2008; Martinez-Gomez et al., 2014). A pesar de esto, los adultos mayores sanos podrían obtener reducciones adicionales en la mortalidad con mayor intensidad de AF (Lollgen et al., 2009). Los resultados aquí están en línea con el conocimiento actual sobre AF al mostrar un menor riesgo de mortalidad entre aquellos con mayor adherencia al "patrón activo"; Por otro lado, el "patrón sedentario" también está en línea con algunos resultados que muestran que la AF ligera como en las tareas domésticas se asoció con una menor mortalidad (Chen et al., 2012; Gregg et al., 2003; Martinez-Gomez et al., 2014).

En cuanto al CS existe una relación directa con la mortalidad total y el riesgo de enfermedades cardiovasculares, en hombres y mujeres (Katzmarzyk et al., 2009; Thorp et al., 2011; Wijndaele et al., 2011) y en personas de 50 años y más. (Koster et al., 2012). Esta asociación es independiente de la AF (Katzmarzyk et al., 2009; Matthews et al., 2012; Patel et al., 2010; Stamatakis et al., 2011). Además, la participación en AF moderada a vigorosa no parece mitigar completamente los riesgos para la salud asociados con el tiempo prolongado observando la TV, incluso entre aquellos con un nivel de AF que excede el recomendado actual (Matthews et al., 2012).

Por otro lado, la investigación sobre el sueño y la mortalidad indica que tanto las duraciones largas como las cortas se asocian con una mayor mortalidad que describe una relación "en forma de U". (Gangwisch et al., 2008; Lan et al., 2007; Mesas et al., 2010; Xiao et al., 2014; Zawisza et al., 2015). Por lo tanto, la tasa de mortalidad más alta se encontró entre los que informaron durmieron > 8 h, seguido por aquellos que dormían <6 h. (Cappuccio et al., 2010; Gallicchio & Kalesan, 2009; Hall et al., 2015). Aunque algunos estudios han encontrado una asociación positiva solo para una larga duración del sueño (Cohen-Mansfield & Perach, 2012; Li et al., 2013), un metaanálisis publicado en 2013 indica que es prematuro concluir que existe una relación en forma de U debido a errores de medición, sesgo de respuesta, confusión y la causalidad inversa puede actuar al interpretar esta asociación (Kurina et al., 2013). Los análisis previos con esta cohorte de adultos mayores mostraron que dormir 6 horas o menos no se asoció con una mayor mortalidad, y dormir 8 horas o más se asoció con una mayor mortalidad, incluso entre aquellos con una mejor salud, indicando que duraciones largas de sueño es en sí misma un predictor independiente de la mortalidad. (Mesas et al., 2010). Sin embargo, los mecanismos biológicos que subyacen a la asociación no están claros.

La principal limitación es que el tiempo dedicado a cada actividad fue autoinformado. Por lo tanto, no se puede descartar la sobreestimación de la AF y la subestimación del CS debido al sesgo de deseabilidad social (Celis-Morales et al., 2012) o la pérdida de memoria. Como consecuencia de esos sesgos, las asociaciones descritas pueden subestimarse (Celis-Morales et al., 2012). Finalmente, aunque futuras investigaciones deberían confirmar la presencia de patrones similares en diferentes poblaciones y su asociación con la mortalidad, este estudio indica que todavía hay una posibilidad significativa de mejora de la supervivencia en España, a pesar de tener una de las mayores expectativas de vida en el mundo.



Capacitación relacionada

Posgrado
Master Internacional en Nutrición Deportiva y Clínica
Edición número: 4
Master Internacional en Nutrición Deportiva y Clínica

Fecha de inicio
4 Noviembre, 2018

Fecha de finalización
30 Agosto, 2019

Fecha fin de inscripción
14 Diciembre, 2018

Descripción del curso

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