Ficha Debates

Interacción Enfermedad Cardiovascular y Fragilidad Ósea: Eje óseo-vascular en Diabetes e Intervenciones en el Estilo de Vida

23 Agosto, 2018

Autor: Lucía Guerrero Romero

La enfermedad cardiovascular (CV) es la principal causa de morbilidad y mortalidad en personas con diabetes, y varios factores coexisten contribuyendo al aumento del riesgo CV. La calcificación vascular es crucial en la patogenia de las enfermedades macrovasculares diabéticas, con un vínculo entre el metabolismo óseo y la calcificación vascular descrito más allá de los factores de riesgo CV tradicionales. Varios estudios epidemiológicos demuestran una asociación entre la patogénesis de la enfermedad CV y de la osteoporosis. El "Framingham Heart Study" mostró que la pérdida de hueso cortical está asociada con la progresión a largo plazo de la enfermedad aterosclerótica. El riesgo de fracturas de cadera casi se duplica en personas con enfermedad CV.

Varios estudios también han demostrado una mayor fragilidad ósea entre las personas con diabetes, lo que documenta un mayor riesgo de fracturas osteoporóticas en diabetes tipo 1 y tipo 2. Diferentes vías median la compleja interacción entre diabetes y hueso, incluida la actividad de vitamina D, niveles de adipocinas, metabolismo de la osteocalcina, hiperglucemia así como hiper- e hipoinsulinemia. La presencia de complicaciones vasculares también afecta a la masa ósea y la calidad. De hecho, la existencia de un eje óseo-vascular se reconoce cada vez más y puede ser un objetivo novedoso para abordar las complicaciones CV de la diabetes. Debido a los numerosos factores que contribuyen a la interacción entre la enfermedad CV y la fragilidad ósea, se necesita un enfoque multifactorial para gestionar el eje óseo-vascular. La intervención en el estilo de vida, que es la piedra angular del tratamiento de la diabetes, permite al mismo tiempo abordar múltiples vías involucradas. Esta revisión narrativa informa las principales intervenciones en el estilo de vida que afectan a la enfermedad cardiovascular y la salud ósea en personas con diabetes, incluida la actividad física y las recomendaciones dietéticas.

La calcificación de la pared del vaso es uno de los factores de riesgo más importantes para los eventos CV y la mortalidad. Los depósitos de calcio en las arterias coronarias pueden conducir a respuestas vasomotoras alteradas, lo que produce inestabilidad de la placa aterosclerótica y elasticidad arterial reducida. En la última década, algunos autores formularon la hipótesis de la existencia de un vínculo estrecho entre la osteoporosis y la enfermedad CV, ambos muy comunes en la diabetes.

El ejercicio físico representa la estrategia de primera línea en el tratamiento de la diabetes, mejorando el control glucémico, la sensibilidad a la insulina y relacionado con la salud y calidad de vida. Desempeña por tanto un papel clave en la prevención del deterioro de la salud ósea y la enfermedad CV, debido a sus efectos sobre la densidad mineral ósea, la fuerza muscular, el perfil lipídico, los vasos sanguíneos y el gasto cardíaco.

Además, los nuevos datos muestran que el ejercicio físico también influye en las proteínas involucradas en la patogénesis de la osteoporosis y la calcificación vascular, lo que sugiere un efecto beneficioso sobre el eje óseo-vascular. En los adultos mayores obesos, el ejercicio previene los efectos negativos sobre el metabolismo óseo mientras que en las mujeres posmenopáusicas, el entrenamiento cardiorrespiratorio se asocia con un aumento en los niveles séricos de Osteoprotegerina (OPG), lo que contribuye a la inhibición de la resorción ósea. El ejercicio moderado a vigoroso se asocia con un aumento en los niveles circulantes de vitamina D, no explicado por la exposición al sol. Un estudio reciente realizado en ratones demostró que el ejercicio realizado sistemáticamente (60 min todos los días durante 1 semana) no solo aumenta los niveles séricos de FGF23 (factor de crecimiento de fibroblastos) sino que aumenta la expresión de ARNm y proteína en el músculo esquelético, sugiriendo un papel protector de los programas de ejercicio mantenidos en el tiempo en la regulación del eje óseo-vascular.

Sin embargo, otros autores no han encontrado cambios en los marcadores óseos bioquímicos en respuesta al programa de ejercicios de carga combinados (entrenamiento de resistencia más ejercicio de soporte de peso), aunque una reducción de algunas citocinas inflamatorias (es decir, proteína C sensible a alta reactividad y interferón γ) ha sido detectado [68]. En conjunto, estos hallazgos confirman una estrecha relación entre la actividad física y la salud ósea vascular. En conjunto, estos hallazgos confirman una estrecha relación entre el ejercicio físico y la salud ósea vascular, aunque se necesitan más estudios para aclarar los mecanismos fisiológicos que son la base de este vínculo.

El entrenamiento cardiorrespiratorio es bien conocido por sus beneficios en los resultados metabólicos y cardiovasculares en sujetos diabéticos. De hecho, la American Diabetes Association (ADA) "recomienda al menos 150 minutos por semana de actividad aeróbica de intensidad moderada o vigorosa en adultos con diabetes diseminada durante 3 días o más, sin permitir más de 2 días sin ejercicio". Sin embargo, el entrenamiento de fuerza también pueden sugerirse en pacientes diabéticos con deterioro óseo, debido a los efectos positivos sobre la masa muscular y la densidad mineral ósea (BMD), recomendándose además ejercicios de flexibilidad y equilibrio enfocados a prevenir caídas, especialmente en sujetos con afectación neuropática. Desafortunadamente, hay poco conocimiento científico sobre el impacto del ejercicio físico en la calidad ósea y el riesgo de fracturas en la población diabética y no hay recomendaciones específicas sobre programas de entrenamiento para prevenir el deterioro óseo en estos sujetos, especialmente en el contexto de la diabetes y enfermedad CV.

Además, se ha evaluado el efecto directo del entrenamiento neuromuscular sobre la BMD, aunque el énfasis ha sido mayormente específico para los sitios óseos que soportan carga. Los programas de entrenamiento de alto impacto y los ejercicios con resistencias parecen ser más consistentemente efectivos para la prevención de la osteoporosis en la población general, aumentando la BMD tanto de cadera como de columna, especialmente con una frecuencia de al menos 2-4 sesiones de 30 minutos por semana. Alternativamente, se pueden considerar 125 min a la semana de ejercicio de intensidad vigorosa (> 6 MET), combinando entrenamiento cardiovascular y de fuerza en sujetos diabéticos para prevenir una disminución en la BMD.

Además, estudios recientes han demostrado que el entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT), caracterizado por períodos breves de ejercicio de alta intensidad intercalados con períodos de recuperación de menor intensidad, puede conducir a resultados CV iguales o superiores en comparación con el ejercicio continuo moderado (CME) cuando se realiza durante al menos 8-12 semanas. Este tipo de programas de entrenamiento puede representar una modalidad de ejercicio eficiente en el tiempo para lograr la mejora en la salud CV en individuos con baja adherencia al entrenamiento cardiorrespiratorio continuo tradicional debido a la falta de tiempo. Sin embargo, los datos sobre la práctica de HIIT en la población diabética son limitados. Los pocos estudios disponibles han demostrado que HIIT mejora la salud cardiovascular en diabetes al reducir la masa grasa, los triglicéridos plasmáticos y el colesterol VLDL, probablemente debido a la mejora de la oxidación de grasa corporal total durante el ejercicio de alta intensidad. En este sentido, los estudios independientes respaldan la hipótesis de que la mejora en la oxidación de grasas puede deberse en parte a los aumentos de la adiponectina, que interviene en la biogénesis mitocondrial del músculo, lo que aumenta la densidad mitocondrial y disminuye el riesgo cardiometabólico. Se necesita investigación adicional para aclarar el impacto a largo plazo de HIIT en pacientes diabéticos y para establecer programas supervisados correctamente prescritos.



Capacitación relacionada

Posgrado
Experto Universitario en Prescripción del Ejercicio Físico en Patologías
Edición número: 2
Experto Universitario en Prescripción del Ejercicio Físico en Patologías

Fecha de inicio
4 Noviembre, 2018

Fecha de finalización
29 Abril, 2019

Fecha fin de inscripción
24 Noviembre, 2018

Descripción del curso

Experto Universitario en Prescripción de Ejercicio Físico en Patologías (4 Edición)

El ejercicio físico, junto a la alimentación, puede considerarse la piedra angular para la prevención de muchas de las enfermedades no-transmisibles e hipocinéticas que acosan una sociedad cada vez más sedentaria (obesidad, diabetes, hipertensión, etc.). Además, una vez instaurada la enfermedad, la correcta prescripción de ejercicio constituirá una parte fundamental del propio tratamiento en el continuo de la enfermedad para paliar sus síntomas, frenar su desarrollo y devolver la calidad de vida al paciente. Ningún medicamento ni tratamiento farmacológico posee el efecto multisistémico del ejercicio, y como tal debe ser prescrito por profesionales de la salud desde la base del conocimiento científico.

En este Experto Universitario (4 Edición), certificado por la universidad Isabel I de Burgos (España), se abordarán cada una de las variables y decisiones a tomar encaminadas a diseñar programas de ejercicio para cada una de las patologías tratadas en este curso (endocrino-metabólicas, cardiovasculares, osteo-articulares, cáncer, y fibromialgia).

Más información: info@iicefs.org


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