Ficha Debates

¿Tratamiento con probióticos para mejorar la inflamación en diversas patologías?

22 Agosto, 2018

Autor: Laura Sánchez Guillén

¿Qué elemento es común en gran parte de las enfermedades crónicas no transmisibles más prevalentes hoy día? La respuesta es: la inflamación, en mayor o menor grado y ya sea en obesidad, en las enfermedades gastrointestinales o en aspectos que involucran al estado anímico, entre otras.

En el tracto gastrointestinal, aquellos elementos que lo agreden y modifican su equilibrio fisiológico generan inflamación, debido a una reacción de defensa por parte del sistema inmune, donde el tiempo es un elemento significativo. Si se trata de una situación puntual, acaba resolviéndose con brevedad, sin causar un mal mayor. Sin embargo, si la situación se cronifica, el organismo del individuo puede verse comprometido y generar situaciones adversas con diversas consecuencias.

La inflamación a nivel intestinal, sin importar en este momento la causa, puede generar una inestabilidad en los diversos epitelios, alterando la capa de mucus, debilitando las Tight junctions y afectando a su integridad y, finalmente, comprometiendo la función de barrera intestinal de las células epiteliales. Este aspecto genera un aumento en la permeabilidad intestinal, sin un control adecuado de los elementos que la atraviesan. Por lo que también se ve comprometido el sistema inmune y el resto del organismo, sobre todo si la situación se perpetúa.

La microbiota intestinal de un individuo considerado como sano, ejerce diversas funciones beneficiosas sobre el organismo, entre ellas, colabora con el desarrollo de una estructura epitelial adecuada, dado que esto le permitirá tener un ambiente favorable para su crecimiento. Sin embargo, diversos factores, como son los hábitos poco saludables, el estrés o una alimentación inadecuada mantenida en el tiempo, pueden generar una disbiosis desembocando o influyendo significativamente en el desarrollo de inflamación.

Bajo esta premisa, el uso de probióticos es un tema recurrente en la investigación desde hace años, dado que parece ser un posible tratamiento efectivo para devolver el estado saludable al organismo mediante la recuperación de una microbiota intestinal saludable. Si la microbiota intestinal se normaliza, es posible que la inflamación disminuya, gracias a una recuperación de los epitelios y una disminución en la permeabilidad intestinal. La mayoría de probióticos estudiados son cepas de los géneros bacterianos Lactobacillus spp., Bifidobacterium spp o la levadura Saccharomyces boulardii.

Si bien todavía faltan resultados concluyentes y aplicables en pacientes humanos (la mayoría de los estudios son en ratones) sí se ven indicios de que algunos probióticos concretos podrían tener un efecto beneficiosos sobre la inflamación, siendo un aliado a la hora de intervenir sobre ciertas patologías que cursan con inflamación. Sería muy interesante tener un tratamiento de estas características que permitiera mejorar la sintomatología y las comorbilidades de enfermedades tan prevalentes como la obesidad, algunos trastornos del estado anímico, o ciertas patologías gastrointestinales, entre otras, además de ser sencillo de aplicar. Sin embargo, es necesario en algunos estudios una mayor descripción de las cepas utilizadas y los tiempos empleados, así como una lectura cautelosa de las verdadera utilidad que hoy día tienen los probióticos. Si es cierto que algunos parecen tener utilidad en determinadas situaciones, aunque todavía están lejos de ser “la píldora mágica” que lo cure todo de una forma sencilla.


Y, habiendo tanta investigación que apunta a que el microbioma es un elemento clave en el desarrollo de la salud o la enfermedad, ¿por qué se está tan lejos de poder actuar sobre él de una forma efectiva?

La respuesta está en otra pregunta: ¿Por qué se genera la inflamación?

Y aquí se plantea el verdadero debate. Encontrar la razón por la que aparece la inflamación permite discriminar entre unas u otras patologías, aún cuando la clasificación de las mismas sea compleja y, posiblemente, favorezca a la resolución de la enfermedad. Encontrar y actuar sobre el origen.

Por ejemplo, la obesidad o algunas patologías gastrointestinales (relacionados o no con algunos trastornos depresivos, como expone el artículo) pueden estar asociados a inflamación (punto en común). Es posible que una de las patologías se genere por unos hábitos poco saludables mantenidos en el tiempo y la otra tenga un factor genético que impida que le sistema inmunitario responda correctamente ante determinados elementos, por ejemplo el gluten en la enfermedad celíaca, entre otros (punto dispar). En todos los casos, se puede generar una disbiosis y en ninguno de los dos casos se podrá modificar la microbiota con el simple hecho del uso de probióticos.

El tratamiento deberá contemplar un cambio de hábitos ajustados a las necesidades de cada caso y esto permitirá recobrar el equilibrio, aplicando después el posible tratamiento con probióticos (en caso de haber evidencia) o la implementación de alimentos o suplementos. Si la situación que genera la inflamación no se soluciona, no se podrá resolver la patología, por muy efectivo que sea el tratamiento con probióticos.

Al final, la patología debe simplificarse tratando de visualizar la verdadera razón por la que aparece esa inflamación, ya sea el estrés, una alimentación inadecuada, una enfermedad no diagnosticada (por ejemplo, una intolerancia al gluten en individuos celíacos), etc., y actuar sobre el origen. En la mayoría de los casos la mejora parcial o, incluso, la solución completa estriba en un cambio hacia hábitos más saludables y/o adecuados a la situación concreta. Y, en base a eso, servirse de las herramientas que ayuden a mejorar la situación de inflamación, como pueden ser los probióticos. Sin embargo, ahí se encuentra la mayor dificultad: Cambiar los hábitos de una persona.


Referencia: Park C, Brietzke E, Rosenblat JD, Musial N, Zuckerman H, Ragguett R-M, et al. Probiotics for the treatment of depressive symptoms: An anti-inflammatory mechanism? Brain, Behavior, and Immunity [Internet]. 18 de julio de 2018 [citado 22 de agosto de 2018]; Disponible en: http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0889159118303040





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