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EJERCICIO FÍSICO EN EL MEDIO ACUÁTICO E HIPERTENSIÓN ARTERIAL


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Libro IICEFS (Entrenamiento de la Fuerza, 2019)

La hipertensión arterial (HTA) es el principal factor de riesgo atribuible para la enfermedad cardiovascular, considerándose un problema de salud pública debido a su alta prevalencia y asociación con los principales resultados clínicos, como la morbilidad cardiovascular y la mortalidad en general.

De acuerdo con las Guías de la Sociedad Europea de Hipertensión y la Sociedad Europea de Cardiología, la HTA se define como una presión arterial sistólica (PAS) ≥140 mmHg y/o presión arterial diastólica (PAD) de ≥90 mmHg en adultos, mientras que se adoptan diferentes criterios, basados ??en percentiles, en niños y adolescentes. Estos valores de presión arterial (PA) deben basarse en un promedio de 2 o más lecturas cuidadosas (espaciadas entre 1 y 2 minutos) obtenidas en 2 o más ocasiones. Aunque la definición se basa en las mediciones de PA en consulta, en algunos casos específicos (po ejemplo, Síndrome de bata blanca, HTA enmascarada e HTA sistólica nocturna), su diagnóstico debe confirmarse con mediciones fuera de la consulta.

El tratamiento del paciente hipertenso incluye modificaciones en el estilo de vida, en las que la práctica regular de ejercicio está indicada como una herramienta clave para la prevención primaria y secundaria. De hecho, resultados de meta-análisis han demostrado que el ejercicio propicia una reducción significativa de la PA tanto en individuos normotensos como hipertensos. Sin embargo, en estos trabajos, solo se incluyen estudios con modalidades de ejercicio realizadas en el medio terrestre; por lo tanto, el factor “entorno ambiental” (tierra vs acuático) continúa siendo poco explorado.

El entorno acuático proporciona importantes modificaciones fisiológicas para el entrenamiento de pacientes hipertensos, como la supresión del sistema nervioso simpático y el sistema renina-angiotensina, además de una menor resistencia vascular. Dichas alteraciones se deben a la acción de las propiedades físicas del agua en los sistemas orgánicos, especialmente la acción de la presión hidrostática y la facilitación de la termorregulación en los sistemas cardiovascular y neuroendocrino. De hecho, durante la inmersión, se promueve un aumento en el retorno venoso y el volumen sanguíneo, con el consiguiente aumento en el volumen diastólico final y el volumen sistólico.

Debido a una inhibición tónica del sistema nervioso simpático causada por el aumento de la presión en los receptores cardiopulmonares, se produce bradicardia. Sin embargo, como el aumento en el volumen sistólico predomina sobre la bradicardia, aumenta el gasto cardíaco. A pesar del mayor gasto cardíaco, la PA media sigue siendo la misma, lo que indica una disminución en la resistencia vascular periférica. Esto inhibe el sistema nervioso simpático porque la hipervolemia central reduce la actividad de las hormonas vasoconstrictoras (renina plasmática, vasopresina y aldosterona) y aumenta la actividad de las hormonas vasodilatadoras (péptido natriurético auricular y prostaglandina), disminuyendo la PA. Los ajustes fisiológicos resultantes de la inmersión también incluyen la supresión del sistema renina-angiotensina, que es clínicamente relevante, porque su activación está asociada con el desarrollo de HTN. De esta manera, desde un punto de vista cardiovascular, el entorno acuático es favorable, con el beneficio adicional de la inmersión, a los beneficios ya conocidos del entrenamiento en tierra.

Los resultados de los estudios que evalúan los efectos del “entrenamiento acuático vertical” (es decir, el entrenamiento acuático realizado en posición vertical) sobre la PA, son contradictorios. Mientras que algunos de ellos no observan el efecto de la intervención en este resultado, otros encuentran una reducción significativa en la PA. Además, la magnitud de la reducción de la PA es muy divergente entre los estudios, que van de 3 a 17 mmHg. Por ello, los resultados principales demuestran que el entrenamiento acuático reduce significativamente la PAS y la PAD en comparación con ningún entrenamiento, y que el entrenamiento acuático y terrestre reduce de manera similar la PA (Reichert et al, 2018). 

Aunque en esta revisión de Reichert et al. (2018) no se centró en la modalidad de entrenamiento (entrenamiento aeróbico, de fuerza o concurrente), es importante resaltar la escasez de estudios que investigan los efectos del entrenamiento concurrente y de fuerza en el medio acuático sobre los valores de la PA. El 82% de los estudios valoran únicamente el entrenamiento aeróbico acuático, lo que hace inviable discutir la modalidad de entrenamiento acuático que debe realizarse cuando el objetivo primario es la PA. Sin embargo, en la población de edad avanzada, se afirma que el entrenamiento aeróbico acuático promueve ganancias neuromusculares similares en comparación con el entrenamiento acuático concurrente (fuerza + resistencia).

Desde una perspectiva clínica, la población de edad avanzada tiene una alta prevalencia de HTA (70%) y un deterioro funcional asociado, por lo que, los resultados mostrados aquí son importantes dado que el entrenamiento en el entorno acuático, hace posible agregar los resultados positivos sobre la PA evidenciados en el análisis actual, a los beneficios neuromusculares evidenciados en otros estudios.

Además, los efectos positivos en la PA con el entrenamiento acuático en comparación con los grupos control, indican que esta modalidad de ejercicio es una posible herramienta en el manejo del paciente hipertenso. A este respecto, la magnitud del efecto es significativo (-10.58 mmHg), siendo mayor que el efecto encontrado con el entrenamiento aeróbico en tierra (-3.5 mmHg) y el entrenamiento de fuerza dinámica (-1.8 mmHg) en un gran meta-análisis (Cornelissen VA, Smart NA. 2013). Esta reducción en la PAS encontrada con el entrenamiento acuático tiene relevancia clínica, porque reducciones aún más pequeñas en los niveles de PA están asociadas con una reducción en la aparición de eventos cardiovasculares y mortalidad.

En cuanto a la PAD, la magnitud de la reducción (-4.40 mmHg) es ligeramente mayor con el entrenamiento acuático que con el aeróbico terrestre (-2.5 mmHg), la fuerza dinámica (-3.2 mmHg) y el entrenamiento concurrente (-2.2 mmHg) (Cornelissen VA, Smart NA. 2013). El análisis de sensibilidad que tuvo en cuenta el estado de la PA amplió la aplicabilidad de los hallazgos porque mostró que ambos subgrupos (hipertensos y prehipertensos) experimentaron una reducción de la PAD, lo que demostró un mayor potencial preventivo para el entrenamiento acuático con respecto a la PAD en comparación con la PAS.

Una contribución importante del presente análisis a la literatura es la comparación entre los entrenamientos acuáticos y terrestres, que mostraron reducciones similares en la PA, con la excepción solo de la PAD en participantes hipertensos. Esta similitud en la mayoría de los resultados tiene relevancia clínica, porque la HTA se asocia comúnmente con sobrepeso u obesidad, diabetes tipo 2 y el envejecimiento. Estas comorbilidades pueden dificultar inicialmente la realización de ejercicios con el propio peso corporal en el entorno terrestre.

Finalmente, destacar que, la gran cantidad de heterogeneidad en el control de las variables de entrenamiento, especialmente la intensidad en los estudios de entrenamiento acuático, puede haber sido un factor de confusión. Además, la gran mayoría de los estudios incluidos no proporcionan una descripción adecuada y detallada de los métodos de entrenamiento para establecer correctas comparaciones, lo que hace imposible determinar si el riesgo de sesgo era alto o bajo, lo que también podría ser una limitación.

Concluyendo, el entrenamiento acuático está asociado con las reducciones de PAS y PAD, y tiene efectos similares al entrenamiento en tierra, excepto los valores de PAD en individuos hipertensos. Los efectos encontrados son independientes de la progresión en volumen y/o intensidad del entrenamiento. Por lo tanto, el ambiente acuático es una alternativa/complemento efectivo al entrenamiento en tierra para obtener efectos beneficiosos sobre la PA, reduciendo el riesgo de eventos cardiovasculares, morbilidad y mortalidad. La mayor efectividad del entrenamiento en tierra para reducir la PAD en participantes hipertensos no invalida los beneficios del entrenamiento acuático en este contexto; pero enfatiza que, para optimizar las reducciones de la PAD en pacientes hipertensos, se requiere realizar ejercicio en un entorno terrestre.

Referencias

  1. Cornelissen VA, Smart NA. Exercise training for blood pressure: a systematic review and meta-analysis. J Am Heart Assoc. 2013;2,e004473.
  2. Reichert T, et al. Aquatic Training in Upright Position as an Alternative to Improve Blood Pressure in Adults and Elderly: A Systematic Review and Meta-Analysis, Sports Med. 2018. 
  3. Lopes S, Mesquita-Bastos S, Alves AJ, Ribeiro, F. Exercise as a tool for hypertension and resistant hypertension management: current insights, Integrated Blood Pressure Control. 2018; 11: 65-71.
  4. Igarashi I, Nogami Y. The effect of regular aquatic exercise on blood pressure: A meta-analysis of randomized controlled trials, European Journal of Preventive Cardiology. 2017; 0(00) 1–10.