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HERRAMIENTAS DE EVALUACIÓN DEL DOLOR EN FUNCIÓN DE SUS PROPIEDADES PSICOMÉTRICAS Y SU FACILIDAD DE USO


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Libro IICEFS

De acuerdo con la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y la Salud, el dolor lumbar (DL) conduce no solo a la pérdida de control y estabilidad del tronco resultado de cambios tanto en los subsistemas pasivos, activos y de control neural, sino que también altera las funciones básicas del individuo, como el sueño y la motilidad. Los dominios principales evaluados para el dolor crónico son la severidad del dolor, la interferencia en la funcionalidad relacionada con el dolor y la carga emocional, mientras que para el dolor agudo es principalmente la severidad del dolor y su alivio. Las herramientas de evaluación del dolor pueden aplicarse tanto para el dolor general (herramientas genéricas), como para el dolor específico de la propia afección, así también para la calidad de vida relacionada con la salud (CVRS). 

Muchas herramientas generales se utilizan independientemente en condiciones de enfermedad o en combinación con alguna herramienta específica para la dolencia. Un instrumento específico para la afección también se aplica junto con alguna herramienta de la CVRS para una evaluación completa del dolor. Los instrumentos pueden ser auto-informados o de observación dependiendo de la conciencia o conocimiento del paciente. En este artículo, se han analizado varias de las principales herramientas genéricas, específicas para la dolencia y de CVRS que los profesionales de la salud y pacientes en todo el mundo usan regular y ampliamente para el DL.

Pueden encontrarse diferentes herramientas de evaluación del dolor asociadas con múltiples dominios de resultados y grupos de pacientes (Tabla 2). Así, para la evaluación de la lumbalgia crónica, se utilizan herramientas unidimensionales las cuales solo miden la intensidad del dolor; y multidimensionales, que no solo miden la gravedad del dolor, sino que también incorporan otras dimensiones, como la interferencia basada en el dolor sobre la CVRS y la funcionalidad, la ubicación del dolor, y la carga emocional.  Por otro lado, la medición y el tratamiento del dolor agudo generalmente es sencillo y se basa en documentar dos dominios de resultados, a saber, la intensidad del dolor y el alivio posterior al tratamiento. Por lo general, éstas involucran herramientas unidimensionales como la “Escala de calificación numérica” (NRS), la “Escala visual analógica” (VAS), la “Escala de calificación verbal” (VRS) y la “Escala de dolor facial” (FPS), pero también se utilizan herramientas multidimensionales como el “Breve Inventario del Dolor” (BPI) y el “Cuestionario del Dolor McGill” (Versión Corta) para evaluar el dolor. 

El mayor desafío al que se enfrentan los profesionales de la salud es el de ser capaces de percibir y registrar la gravedad del dolor crónico, ya que la mayoría de las veces tienen que depender de la memoria del paciente o la descripción del dolor que puede no ser precisa. Otras limitaciones para “captar” el dolor con precisión son factores como la falta de educación, discapacidad, barreras del idioma, incomprensión debido a la demencia, o simplemente, la falta de conocimiento. Algunas escalas de dolor pueden ser complejas y requieren aprendizaje y preparación para su uso, mientras que otras pueden ser largas, lo que hace que la mayoría de los encuestados no respondan a todos los ítems del cuestionario. Los adultos mayores y con deterioro cognitivo requieren escalas de dolor que sean simples pero comprensivas. Por lo tanto, surge la necesidad de formular escalas específicas que sean sencillas, rápidas y que se puedan llevar a cabo no solo para obtener los aportes del paciente, sino también para brindar un control del dolor de “calidad”, proporcionando satisfacción y alivio eventuales tanto para el paciente como para el profesional de la salud.

De hecho, para la evaluación del DL, se utilizan medidas funcionales/de discapacidad, medidas de severidad del dolor y medidas para el efecto del dolor en la vida social y la salud mental en general. Las medidas funcionales pueden ser genéricas y específicas de la propia condición. Las medidas genéricas estiman los síntomas relacionados con diversas regiones corporales y no necesitan centrarse en la columna vertebral, mientras que las medidas específicas evalúan los síntomas concretos de una patología, por ejemplo, el DL. Por ello, tanto los profesionales de la salud como los pacientes utilizan medidas genéricas y específicas de la afección como medidas funcionales para el manejo del DL. Además, cada herramienta revisada en este documento tiene sus propias ventajas y limitaciones, de modo que las recomendaciones variarán según el contexto individual, utilizando aquella/s que mejor se adapten a la patología específica y las características del dolor. 

Entre las herramientas específicas de DL, el “Cuestionario de discapacidad de Roland Morris” (RMDQ) y el “Índice de discapacidad de Oswestry” (ODI) parecen ser las más aceptadas y pueden ayudar en condiciones clínicas como hernias discales, espondilolisis, espondilolistesis etc... Deben ser utilizadas junto con una herramienta de CVRS como el “SF-36”. De las herramientas genéricas para el DL, aunque tanto el “Breve Inventario del Dolor” (BPI) como el “Cuestionario de Dolor de McGill” (MPQ) consumen mucho tiempo, tienen una alta fiabilidad y validez. Además, el “Breve Inventario del Dolor” (BPI) ha sido validado formalmente para el DL, por lo que, en este artículo de revisión es considerada la mejor herramienta genérica para la gestión del DL en la actualidad.  

En cuanto a la lumbalgia neuropática, se requieren más estudios de intervención para adquirir datos sobre la sensibilidad de la “Escala del Dolor Neuropático” (NPS). Mientras tanto, se puede usar junto con la forma corta del “Cuestionario del Dolor de McGill” para tener una idea precisa del dolor encontrado. A través de estos instrumentos de valoración del dolor neuropático se pueden evaluar los déficits neurológicos que a su vez pueden ayudar a tratar a los pacientes de forma conservadora o quirúrgica. Por último, la “Evaluación del dolor en la demencia avanzada” (PAINAD), la “Escala Abbey” (APS) y Doloplus-2 son herramientas aceptables para personas con deterioro cognitivo.